
Médicos especialistas en medicina de emergencias impulsan la difusión de la campaña informativa “Camaleón”, un acrónimo diseñado para que la población general identifique con rapidez los signos de alarma de una Enfermedad Vascular Cerebral (EVC), ya sea de tipo isquémico (infarto) o hemorrágico.
La estrategia se desglosa a través de las manifestaciones clínicas principales y la acción inmediata requerida: CA hace referencia a la debilidad o asimetría en la mitad de la cara; MA alude a la pérdida de fuerza en una mano, brazo o pierna; LE identifica la dificultad para articular palabras o comprender el lenguaje; y ON insta a activar de inmediato los servicios de emergencia mediante una llamada al 911.
Los especialistas enfatizan que las primeras tres horas desde el inicio de la sintomatología representan la ventana terapéutica crítica para evitar secuelas funcionales graves o el fallecimiento del paciente, bajo la premisa médica de que en un evento cerebral, el tiempo perdido se traduce en destrucción neuronal irreversible.
Daniel Sánchez Arreola, integrante de la Sociedad Mexicana de Medicina de Emergencia, advirtió que los servicios de urgencias y neurología hospitalaria continúan registrando ingresos tardíos, donde los pacientes arriban horas, días o incluso semanas después del inicio del evento, lo que incrementa exponencialmente la incidencia de discapacidades permanentes en la población.
Asimismo, la Sociedad Mexicana de Medicina de Emergencia señaló una transición epidemiológica en el perfil de los afectados. Aunque históricamente la EVC se asociaba a adultos mayores de 65 años debido al factor de envejecimiento arterial, actualmente se observa un incremento de casos en adultos jóvenes de entre 35 y 40 años.
Este cambio está directamente vinculado a la alta prevalencia de enfermedades crónicas y síndromes metabólicos, tales como la diabetes mellitus, la hipertensión arterial, las dislipidemias, el sedentarismo y la obesidad.
A nivel global, la enfermedad vascular cerebral se consolida como la segunda causa de muerte y se mantiene como uno de los factores principales de discapacidad motora y cognitiva en la edad adulta.